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Acto conmemorativo para la erradicación de la violencia de género

November 26, 2016

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Acto conmemorativo para la erradicación de la violencia de género

November 26, 2016

 

 

 

El pasado 26 de noviembre, en el marco de el día 25 de Noviembre, "Día para la erradicación de la Violencia de Género" nos reunimos en CSO La Traba para compartir una lectura de textos en contra de esta lacra social.

 

Queremos compartir con vosotras parte de estos textos:

 

En la socie­dad capitalista, el cuerpo es para las mujeres lo que la fábrica es para los trabajadores asalariados varones: el principal terreno de su explotación y resistencia, en la misma medida en que el cuerpo femenino ha sido apropiado por el Estado y los hombres, forzado a funcionar como un medio para la reproducción y la acumulación de trabajo.

En un sistema donde la vida está subordinada a la pro­ducción de ganancias, la acumulación de fuerza de trabajo sólo puede lograrse con el máximo de violencia para que, en palabras de Maria Mies, la violencia misma se transforme en la fuerza más productiva.

Efectivamente, la lección política que podemos aprender de Calibán y la bruja es que el capitalismo, en tanto sistema económico-social, está necesariamente vinculado con el racismo y el sexismo. El capita­lismo debe justificar y mistificar las contradicciones incrustadas en sus relaciones sociales —la promesa de libertad frente a la realidad de la coacción generalizada y la promesa de prosperidad frente a la realidad de la penuria generalizada— denigrando la «naturaleza» de aquéllos a quienes explota: mujeres, súbditos coloniales, descendientes de esclavos africanos, inmigrantes desplazados por la globalización.

En el corazón del capitalismo no sólo encontramos una relación simbiótica entre el trabajo asalariado-contractual y la esclavitud sino también, y en relación con ella, podemos detectar la dialéctica que exis­te entre acumulación y destrucción de la fuerza de trabajo, tensión por la que las mujeres han pagado el precio más alto, con sus cuerpos, su trabajo, sus vidas.

Resulta, por lo tanto, imposible asociar el capitalismo con cualquier forma de liberación o atribuir la longevidad del sistema a su capacidad de satisfacer necesidades humanas. Si el capitalismo ha sido capaz de reproducirse, ello sólo se debe al entramado de desigualdades que ha construido en el cuerpo del proletariado mundial y a su capacidad de globalizar la explotación. Este proceso sigue desplegándose ante nues­tros ojos, tal y como lo ha hecho a lo largo de los últimos 500 años.

Fragmento de Calibán y la bruja de Silvia Federicci

 

 

 

Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres,

¡Qué poco es un solo día, hermanas, 
qué poco, para que el mundo acumule flores frente a
 nuestras casas!  

De la cuna donde nacimos hasta la tumba donde dormiremos - toda la atropellada ruta de nuestras vidas-
 deberían pavimentar de flores para celebrarnos
 (que no nos hagan como a la Princesa Diana que no vio, ni oyó las floridas avenidas postradas de pena de Londres)

Nosotras queremos ver y oler las flores.
 
Queremos flores de los que no se alegraron cuando nacimos hembras en vez de machos,

Queremos flores de los que nos cortaron el clítoris
Y de los que nos vendaron los pies

 Queremos flores de quienes no nos mandaron al colegio para que cuidáramos a los hermanos y ayudáramos en la cocina
 
Flores del que se metió en la cama de noche y nos tapó la boca para violarnos mientras nuestra madre dormía

 Queremos flores del que nos pagó menos por el trabajo más pesado

 Y del que nos corrió cuando se dio cuenta que estábamos embarazadas
 
Queremos flores del que nos condenó a muerte forzándonos a parir a riesgo de nuestras vidas

Queremos flores del que se protege del mal pensamiento obligándonos al velo y a cubrirnos el cuerpo
 Del que nos prohíbe salir a la calle sin un hombre que nos escolte
 
Queremos flores de los que nos quemaron por brujas
 Y nos encerraron por locas

 Flores del que nos pega, del que se emborracha
 Del que se bebe irredento el pago de la comida del mes

Queremos flores de las mujeres que intrigan y levantan
falsos testimonios.

 Flores de las que se ensañan contra sus hijas, sus madres y sus nueras

 Y albergan ponzoña en su corazón para las de su mismo género 
  
Tantas flores serían necesarias para secar los húmedos pantanos donde el agua de nuestros ojos se hace lodo;
 arenas movedizas tragándonos y escupiéndonos, de las que tenaces, una a una, tendremos que surgir.
 
Amanece con pelo largo el día curvo de las mujeres.
 Queremos flores hoy.

Cuánto nos corresponde.

 El jardín del que nos expulsaron.

 

Flores el 8 de marzo . Poema de Gioconda Belli

 

 

 

En líneas generales se me conoce como pesimista. Pese a lo que alguna vez haya podido parecer, dada la insistencia con que afirmo mi radical escepticismo sobre la posibilidad de alguna mejora efectiva y substancial de la especie en aquello que en tiempos no muy distantes se llamó progreso moral, preferiría ser optimista, aunque fuera sólo para conservar la esperanza de que el sol, porque ha nacido todos los días hasta hoy, nacerá también mañana. Nacerá, pero llegará también el día en que se acabe. El motivo de estas reflexiones de apertura es el mal trato conyugal o extraconyugal, la insana persecución de la mujer por el hombre, sea marido, novio o amante. La mujer, históricamente sometida al poder masculino, ha sido reducida a algo sin mayor utilidad que la de ser criada del hombre y simple restauradora de su fuerza de trabajo, e, incluso ahora, cuando la vemos por todas partes, liberada de algunas ataduras, ejercer actividades que la vanidad masculina presumía que eran exclusivas del varón, parece que no queremos enterarnos de que la abrumadora mayoría de las mujeres siguen viviendo dentro de un sistema de relaciones poco menos que medievales. Son apaleadas, brutalizadas sexualmente, esclavizadas por tradiciones, costumbres y obligaciones que ellas no eligieron y que siguen manteniéndolas sometidas a la tiranía masculina. Y, cuando llega la hora, las matan.

 

La escuela finge ignorar esta realidad, lo que no puede sorprendernos si pensamos que la capacidad formativa de la enseñanza se encuentra reducida al cero absoluto. La familia, lugar por excelencia de todas las contradicciones, nido perfecto de egoísmos, empresa en quiebra permanente, está viviendo la más grave crisis de toda su historia. Los Estados parten del exacto principio de que todos tendremos que morir y de que las mujeres no podrían ser excepción. Para algunas imaginaciones delirantes, morir a manos del marido, del novio o del amante, a tiros o a navajazos, tal vez sea la mayor prueba de amor mutuo, él matando, ella muriendo. Para las tinieblas de la mente humana todo es posible.

 

¿Qué hacer? Otros lo sabrán aunque no lo hayan dicho. Puesto que la delicada sociedad en que vivimos se escandalizaría con medidas de exclusión permanente para los autores de este tipo de crímenes, por lo menos que se agraven hasta el máximo las penas de prisión, excluyendo drásticamente las reducciones de pena por buen comportamiento. Por buen comportamiento, por favor, no me hagan reír.

 

Malos tratos. José Saramago

 

 

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

 

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

 

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

 

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando surja la tormenta
a nadar contra corriente.

 

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodéalo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas

 

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

 

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

 

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el oxido mortal de todos los naufragios.


Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuidate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti


Te lo pido en nombre de todas nosotras.

 

Consejos para la mujer fuerte. Poema de Gioconda Belli

 

 

 Yo grabé las figuras en la pared de las cavernas

Descueré a las bestias y curtí sus pieles

Yo cocí la carne y la sequé para servirla en las noches frías del invierno

Cosí con los tendones y agujas de sus huesos el calzado de los padres de mis hijos

Los guerreros que me forzaron. Los valientes cazadores

Los jefes de los clanes. Los chamanes. Los bufones

 

Yo soy la mujer

Yo limpié sus mocos y su semen

Yo amamanté a sus bestias huérfanas. Y a las mías

Yo mantuve vivo el fuego

Amasé el barro de sus vasijas y las levanté, y las llené, y llené sus bocas y sus vientres

Y lo seguí hasta las trincheras para coser su camisa y sus heridas

Para llenar sus balas y secar sus ojos de la muerte

 

 

Yo soy la mujer

La esclava invisible

La niña mutilada por el hombre de la cuchilla sucia

La puta lapidada

La bruja de la hoguera

La loca amordazada

La concubina

 

Yo soy la mujer

Nunca en mí

Nunca mi dueña

Siempre en otras manos mi destino

Mi cuerpo

Mi esperanza

cercenada desde el centro

 

Yo soy la mujer

Yo caliento la cama de los hombres

Yo madrugo para besar su frente a pesar de su silencio

Y podría comprender su mirada ausente de garras despiadadas

pero no quiero

 

No cerraré los ojos por más tiempo

ni ofreceré mi cerviz otro milenio

 Viraré mi rumbo al sur de su camino

No voy a restañarlo de más guerras

Dejaré mi carga espesa de dolor y culpa y que la mar se lleve el pus del tiempo

Yo soy la mujer

Y con mis manos de tierra y miel

amasaré las horas y el pan cada mañana. Y un día cantaré

Yo soy la mujer. María Gutiérrez

 

 

 

 

 

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